viernes, 21 de febrero de 2014

dramatic MAMMA

Se acariciaba el vientre con calma y anhelo. Le hablaba del tiempo, del amor y del dolor: contaba historias trágicas de su pasado, esas que llenaban ahora su panza. Lo observaba: ojos dulces, húmedos, ojos de cachorro abandonado en una ciudad enferma, ojos de despedida.

 Los minutos pasaban al compás de una triste garúa, débil o cansada, esa que no moja ni refresca. Mientras esperaba aquel colectivo infeliz, yo podía verla desde la vereda sorbiendo su café, conversando con su abdomen como si no fuera a verlo nunca más, como si fuera a separarse del resto de su cuerpo.

Entonces le confesó por qué estaban allí (ella y su vientre), le dijo - y no pude creerlo- que juntos iban a finar, allí mismo, porque alguien más así lo quiso. Su viente rugió, lloró, gritó como nunca oí a alguien - o algo- gritar. Ella perseverante intentó calmarlo con suaves mimos y canciones de cuna, quiso ser madre una última vez, pero su panza estaba rellena de furia inflamable.

Llegó mi transporte y salté apresurada dentro de él. Quería irme de ese lugar, no podía seguir escuchando a esa mandrágora infernal quejándose de su existencia incierta. Me senté al lado de una ventana y al voltear con cuidado mi cabeza pude ver estallar el vientre, llenando todo de oscura y espesa sangre. Lo que fue una mujer, cayó al piso húmedo, y me miró intensamente justo antes de cerrar los ojos.

zHoe

(29/8/13)


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