Te invito en un augurio interminable
a embriagarte de pena;
la gota que te sobre en el alma
la recogeré en un recuerdo que se esconde.
El frío del salar es mi amigo
cuando escucho tu nombre;
y es el disparo de la flecha
el final de tu tonta incertidumbre.
.
No es ciempiés la que avisa al partir
que ha matado a su hombre;
y el caldero en el que hierve mi sangre
no es conjuro que tema.
Cuando chillen cristales de hielo
sobre tu oído cansino,
arderán en el centro de mi pecho
los misterios del olvido.
.
Solo con sigilos de muerte
se extingue una promesa de vida,
solo con té de mandrágoras
un amor de serpiente.

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