domingo, 31 de agosto de 2014

Declaración de invalidez emocional

No habrá más dolor. Nunca habrá más dolor que el dolor que dejaste incesante en el medio de mi pecho cuando decidiste callar.
Pienso aveces que tampoco habrá más amor. Que no volveré a sentir así, así tan transparente y bestial como cuando toqué tu piel por primera vez. Como cuando la toqué cada noche al cerrar los ojos en la oscura soledad de mi habitación. Pienso incluso que nadie volverá a vos como te fuiste de mí; que nadie vendrá por mí como te escapaste por siempre de mis ojos.
Quién resistirá indecente la brutal caida a tu glorioso infierno? Cuándo cesa el fuego que arde incluso más fuerte con el pasar del tiempo?

Éramos recién jóvenes cuando nos vimos por primera vez, y tal vez niños. Era de noche y era invierno, era el vapor de las bocas y era los dedos helados. Eran las 10 y 10 minutos. Acabábamos de salir del colegio, y así de espontaneo como se cruzaron nuestros ojos, te incrustaste en mi cabeza. Quizás fui y también soy una propensa a sentir de más, pero creí desde aquel instante que debía poseerte y debía entregarme.

Empezó mi amor, y el amor fue enfermo y tóxico. Este amor que yo misma inventé fue veneno que quemaba todo lo demás, fue la tinta que borraba cada rastro nunca tuyo. Fue  el sabor más delicioso que denigra los demás sabores. Fue la escarcha que calcinó las flores que podría arrancar. Fue perder más tiempo en amar que en respirar sin respirarte. Fue dejar mi vida terrenal para resguardarme en el inocente deseo de ser tuya en las noches, al calor de tu perversa mirada que siempre desnudó mi piel en un vistaso.
Para qué explotar de furia al quitarme la vida si puedo recordar infeliz tus manos rozando mis piernas. Para qué privarme del unico atisbo de felicidad que brilla debajo de mis parpados.
Entonces no haré, no seré, no viviré si no es por intentarte una vez más. No lloraré aunque no vengas jamàs, pero ire a buscarte por toda la ciudad.

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